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Newman Oratoriano

Newman pasa de Littlemore a Maryvale, Birmingham. Wiseman lo confirma, y después de unos meses allí, en septiembre de 1846, acompañado del fiel amigo Ambrose St.John, parte para Roma, donde se preparará a la ordenación sacerdotal. La amistad de St.John sería en la vida católica de Newman, lo que Froude había sido en la anglicana. Asiste a las clases de la Universidad Gregoriana. Pero a pesar de lo importante de sus tesis teológicas, su mayor preocupación de entonces era clarificar su vocación, o mejor dicho, encauzarla, tanto él como el pequeño grupo de conversos que le acompañaba. Tenían que encontrar el camino, el lugar, el modo, de servir a Dios en la Iglesia de Roma. Reflexionó sobre su entrada en diversas órdenes religiosas. Queda así comprometido en una nueva búsqueda espiritual.

Junto con Froude, en los inicios del Movimiento de Oxford, imaginaban agrupaciones de presbíteros célibes que ejercieran su labor en las grandes ciudades, y ésta era precisamente la idea que tenía de un College, al estilo del siglo XIV, con fellows célibes dedicados a la oración, la predicación, la defensa de la Iglesia, el culto y el estudio de las ciencias y las artes. Había leído, en 1839, un artículo de Wiseman para el Dublin Review: “Una comunidad de sacerdotes que hagan vida común según una benigna pero permanente regla y que extiendan su trabajo a todo el país nos parece el medio más eficaz para difundir nuestra santa religión…La institución que mejor encarna todas nuestras ideas en este asunto es el Oratorio de San Felipe Neri”.

Esta fue la primera vez que Newman se enteró del santo italiano y de su obra, pero se ve que nunca lo separó de su mente. Siete años después le vemos en Roma a punto de ser ordenado, y volvió al mismo pensamiento. El Dr.Wiseman tenía razón al decir que debíamos ser oratorianos. Los oratorianos podían ser, en efecto, lo apropiado para los nuevos conversos, un camino intermedio entre los jesuitas o la vida religiosa y monacal, y el clero secular. Esto, de hecho y en esencia, ya lo habían vivido Newman y sus compañeros en Littlemore y en Old Oscott, y tenía como antecedente más lejano la misma vida como fellows en el Oriel. La continuidad quedaba garantizada.

Newman y St.John fueron ordenados sacerdotes el 30 de mayo de 1846  en la capilla del Colegio de Propaganda Fide, por su rector el Cardenal Fransoni. El 3 de junio Newman celebró su primera Misa. Luego se reúnen Newman y sus seis compañeros : Amborse St.John, Joh Dalgairns, William Penny, Richard Stanton, Frederick Bowles y Robert Coffin, todos conversos entre 1844 y 1845. Los futuros oratorianos se reúnen en Santa Croce, para prepararse en lo propio de su nueva vida . El mismo Papa Pío IX los visita en agosto.

En diciembre Newman está de vuelta en Inglaterra. Fue nombrado primer superior del Oratorio inglés, que debía estar en Birmingham, donde Wiseman era Vicario Apostólico. La comunidad de instaló en la casa de Old Oscott, que fue rebautizada con el nombre “Maryvale” (Valle de María), el 1 de febrero de 1848, vigilia de la fiesta de la Purificación, que era (para seguir con la continuidad) la fiesta del colegio Oriel de Oxford, llamado Colegio de Santa María, al igual que la iglesia que le estaba adjunta, en cuyo púlpito había predicado tantos años. La devoción a María es capítulo aparte en la vida de Newman. Bastaría con leer sus meditaciones sobre las letanías lauretanas, escritas para los oratorianos.

En 1849 se mudaron a la calle Alcester, en medio de Birmingham, donde establecieron el oratorio y una iglesia, con parroquia y escuela, y más tarde a Hagley Road, donde se encuenta todavía el Oratorio, verdadero santuario de peregrinación. Newman había encontrado finalmente el “hogar” donde vivirá el resto de su vida.

Luces Y Sombras

Pero no será esa una vida sin tribulaciones. Impresiona la sucesión de incomprensiones y obras que no puso llevar a término, por la influencia e intervención de eclesiásticos católicos. Si, hermanos anglicanos le miraban como a un traidor (o mentiroso, como lo acusaría Charles Kinsley, motivando a Newman para escribir su Apologia pro vita sua), hermanos católicos le miraban con desconfianza. Talbot, converso como él y a quien Newman no aceptó en el Oratorio, ascendido a un cargo alto en la curia romana, le llenaba la cabeza al Papa y a la jerarquía inglesa diciendo que Newman era “el hombre más peligroso de Inglaterra”.

Newman encontró junto al liberalismo católico, antidogmático y racionalista como el anglicano, el fenómeno del “ultramontanismo”. Los galicanos (corriente ancestralmente francesa que afirmaba la supremacía del episcopado y de los concilios sobre la autoridad papal), habían dado este nombre a los que sostenían la doctrina opuesta “al otro lado de los montes” (Italia). Los ultramontanos también defendían la total independencia del poder papal respecto a los poderes seculares, que era también la lucha que había encarnado el Movimiento de Oxford respecto de su propia Iglesia. Pero se mezcló con el tradicionalismo, que lo justificaría en nombre de una teoría absolutista de la autoridad. Este fue el clima previo a la definición que el Concilio Vaticano I  habría de dar sobre la infalibilidad papal. El ultramontanismo terminó por ser una especie de estructura mental que era aplicada a los grandes temas teológicos. Newman viviría equidistante entre liberales y ultramontanos, antidogmáticos e hiperdogmaticistas, sufriendo los malentendidos que estas situaciones causan en hombres como él. Muchos conversos del anglicanismo, como Ward, entraron en el ultramontanismo, y el mismo Manning, luego Cardenal sucesor de Wiseman en la sede de Westminster, estaría inclinado hacia allí, con la consiguiente sospecha de liberal que recayó sobre Newman.

Los obispos de Irlanda le pidieron en 1851 que fundara y dirigiera la primera Universidad Católica irlandesa. Lo hizo y fue su rector hasta 1858. Renunció ante la imposibilidad de llevar a cabo sus ideas sobre lo que debía ser una universidad, no para clérigos sino para laicos, en un mundo hostil. Pero han quedado sus admirables Discursos sobre la Idea de una Universidad, y otros escritos, que siguen hoy en vigencia para una comprensión, precisamente de la relación entre razón y fe, ciencia y teología. Digo entonces, que si una Universidad es, por su misma naturaleza, un lugar de instrucción donde es impartido el saber universal, y si en una cierta Universidad así llamada, el argumento de la religión es excluido, es inevitable una de estas dos conclusiones : o, por un lado, que el campo de la Religión está totalmente vacío de saber real ; o, por el otro, que en tal Universidad es omitida una especial e importante rama del saber. Yo afirmo que el defensor de una tal institución debe consentir a esto o a aquello ; él debe admitir, o que nosotros conocemos poco o nada acerca del Ser Supremo, o que su centro de instrucción se da un nombre que no corresponde a la realidad. Por otra lado, si esta ciencia se deja de lado, las demás no se ven en la debida perspectiva y ocuparán un lugar que no les corresponde. Más aún, la teología ayuda a las demás ciencias.

El desalojo de la teología produce el vicio intelectual de la “ignorancia presuntuosa”, que juzga todo desde la óptica una ciencia particular. Así nacen aquellos que generalmente son llamados ‘hombres de una sola idea’ ; lo que pasa a significar ‘un hombre de una sola ciencia’, y de opiniones en parte verdaderas, pero secundariamente en parte falsas, que es lo que puede resultar de algo tan parcial.

Al fracaso de Irlanda se sumaron otros infortunios. Su nombramiento de obispo fue detenido a instancias de Manning y otros eclesiásticos ingleses. Sufrió desde 1851 a 1853 las penurias de un juicio por injuria, por haber hablado contra un sacerdote deshonesto, a pedido de Wiseman, quien llegado el momento no tuvo las pruebas en la mano, dejando a Newman al descubierto, con una multa enorme que pudo pagar con la ayuda de amigos de todo el mundo. En 1856, se desencadena la división con Faber, que había seguido a Newman a Birmingham, pero que buscaba un estilo totalmente italiano y más bien ultramontano, lo cual urgió a Newman a viajar a Roma, y tener que dividir canónicamente el Oratorio de Londres del de Birmingham. En 1858 Wiseman informa a Newman que han de encomendarle la supervisión de una nueva traducción de la Biblia al inglés, pero el proyecto, que Newman había emprendido de inmediato, súbitamente no se lleva a cabo, por intrigas editorialistas. En 1859 toma el cargo de director del Rambler, pero después de publicar un artículo sobre la consulta a los fieles en materia de doctrina, se le pide la renuncia. Este escrito será malinterpretado en Roma, Newman deseaba explicarlo, pero esto no se supo en Roma por culpa de Wiseman, lo cual le acarreará a Newman el peso de la desconfianza hasta el cardenalato, bajo León XIII, veinte años después. En 1864, como dijimos, es acusado de falsedad por Kinsley y debe defenderse escribiendo la Apologia. Como siempre, Newman lucha, con dignidad y con la mirada en la providencia, en lo que, sin duda ha venido a formar parte del proceso para declarar sus virtudes en grado heróico. Su fe católica fue realmente probada.

Paralelamente siguió desarrollando, como en su época anglicana, aunque con otra finalidad, una labora literaria importante. En 1849 publica sus Discursos a auditorios mixtos, sermones predicados en la iglesia del Oratorio de Birmingam. En 1850 las conferencias de verano en Londres sobre Ciertas dificultades de los anglicanos para aceptar la Iglesia Católica. En 1851 las conferencias en Birmingham Sobre la posición actual de los católicos en Inglaterra. En 1852 el célebre sermón La segunda primavera, predicado en el Sínodo con motivo de la restauración de la Jerarquía en Inglaterra. En 1857 un volumen de Sermones predicados en varias ocasiones. En 1864 la Apologia por vita sua. En 1866 la Carta a Pusey, sobre el dogma de la inmaculada concepción. En 1870 el ensayo más importante sobre la razón y la fe, su Gramática del asentimiento Según le dijo a uno de sus oratorianos, la primera parte de este ensayo era para mostrar que se puede creer lo que no se puede comprender; la segunda parte intenta mostrar que se puede creer lo que no se puede demostrar completamente. El problema es la certeza y el enemigo que tiene delante es el racionalismo, pero sobre todo la gente común , que habitualmente no puede demostrar o explicar lógicamente su fe: era la defensa de la fe del carbonero. En 1872 publica los Ensayos críticos e históricos de su período anglicano, Discusiones y argumentos, y los célebres Esbozos históricos (3 tomos), con semblanzas de Santos Padres, de la antigúedad pagana y del medioevo especialmente inglés. En 1875 aparece la Carta al Duque de Norfolk sobre la infalibilidad papal recientemente definida por el Concilio Vaticano I y atacada por el primer ministro Gladstone, con el más importante texto de Newman sobre la conciencia. Cabe recordar que fue invitado por el Papa y los obispos ingleses a participar como perito en el Concilio, y que rehusó por considerar que no sabía suficiente teología.

Destacan también sus escritos poéticos, especialmente El sueño de un anciano de 1865, largo poema que trata de la muerte, del juicio particular y las postrimerías del alma, y que ha sido convertido en oratorio musical por la genialidad de Elgar. también escribió dos novelas, Perder y ganar en 1848, ambientada en el Oxford de su juventud, con claras referencias autobiográficas de su conversión, y Callista en 1855, ambientada en Cartago durante la época de San Cipriano y las persecuciones. Hay más sermones católicos que se publicaron después de su muerte, lo mismo que las Meditaciones y Devociones, dadas a la imprenta por el P.Neville, que lo asistió hasta el fin.

Newman, Cardenal De La Santa Iglesia

La década del 70 termina para Newman con dos reconocimientos sucesivos. El primero vino de parte del anglicanismo : el presidente del Trinity College de Oxford, su primer colegio, le escribió para pedirle aceptar el título de primer fellow honorario, jamás dado hasta entonces. Newman, que llevaba en el corazón al Trinity y a Oxford, volvió allí en febrero de 1878, después de treinta y dos años de ausencia, y sesenta y un años desde el día de su matriculación que hizo acompañado de su padre, con la que comenzó su vida oxoniense.

Pero el siguiente, fue el acontecimiento más notorio desde su conversión al catolicismo, y el reconocimiento más importante que la Iglesia Católica pudo haber hecho a su persona y a su labor. Newman se encontraba, como hasta ahora, en su ‘nido’ de Birmingham, mientras un grupo de laicos liderados por el duque de Norfolk, se dirigieron al Papa recién elevado al Pontificado, León XIII, para solicitarle que nombrara Cardenal a Newman. Parece que León XIII ya había pensado en ello, y probablemente se sabría su estima por Newman, y la ocasión del pedido tan ilustre vino a decidir favorablemente el nombramiento, no sin las intrigas en contra y a última hora del ya Cardenal Manning. Pero prevaleció la verdad y significó una defensa providencial de todo lo que Newman representaba. Llegó a Roma, por cuarta vez en su vida, el 24 de abril de 1879. A los tres días el Papa lo recibió en audiencia privada. Le concedió el privilegio de seguir viviendo en el Oratorio de Birmingham y no en la curia romana o a cargo de una diócesis, como era lo ordinario. Luego pronunció el discurso que ya citamos, y Newman acabó con palabras esperanzadas : El cristianismo ha estado demasiadas veces en lo que parecía un fatal peligro, para que ahora nos vaya a atemorizar una nueva prueba. Todo esto es cierto. Son imprevisibles por el contrario las vías por las que la Providencia rescata y salva a sus elegidos. A veces, nuestro enemigo se convierte en amigo ; a veces se ve despojado de la capacidad de mal que le hacía temible, a veces se destruye a sí mismo ; o sin desearlo produce efectos beneficiosos, para desaparecer a continuación sin dejar rastro. Generalmente la Iglesia no hace otra cosa que perseverar, con paz y confianza, en el cumplimiento de sus tareas, permanecer serena, y esperar de Dios la salvación.

Recibió el capelo cardenalicio el 15 de mayo en el Consistorio. La designación del Papa lo creaba Cardenal diácono, y se le designaba como a todos lo cardenales la titularidad de una iglesia de Roma. La suya fue San Giorgio in Velabro, la antiquísima iglesia cercana al Foro romano. El lema que eligió para su escudo cardenalicio fue Cor ad cor loquitur, el corazón habla al corazón, todo un símbolo de visión personalista de la relación entre el hombre y Dios y de los hombres entre sí. También podría evocar un modo de conocimiento diferente de la visión racionalista imperante, una síntesis de su Grammar. Pero más aún evoca la filosofía de San Agustín y de Pascal, y por cierto la misma terminología bíblica cuando quiere referirse a la sede de las decisiones profundas del ser humano.

El 1º de julio estaba de regreso en su hogar oratoriano. Su llegada a Birmingham dio comienzo a una seguidilla ininterrumpida de agasajos, reconocimientos, visitas e invitaciones varias. Newman se había convertido en el hombre del momento, en una especie de héroe nacional, aún para el anglicanismo, en la medida que era universalmente reconocido un inglés. El periódico The Month escribió : “…aún los protestantes ingleses están orgullosos de Newman como de un gran caballero inglés, y es evidente que entienden que el honor conferido redunda en parte sobre toda la nación de la cual él es hijo…” Fue nuevamente a Oxford, al Trinity dos veces, y predicó dos sermones en 1880 en la Iglesia de St.Aloysius de los jesuitas, hoy sede desde hace cuatro años del oratorio de Oxford, que él no había podido fundar allí. No predicaba en Oxford desde 1843. No es difícil imaginar lo que hubo de significar esto para él.

Final Y Comienzo

Los años comenzaron a fluir plácidamente, pero Newman envejecía. En 1882 escribe : Hablo con dificultad ; apenas puedo andar y nunca lo hago sin peligro de tropezarme. Me cuesta un gran esfuerzo subir y bajar escaleras. Leo con incomodidad. Sólo consigo escribir con mucha lentitud ; estoy prácticamente sordo. En su escritorio había ahora una pequeña capilla, tal como se ve hoy, con un cuadro de San Francisco de Sales, donde celebraba su Misa privada diaria.

Le alegró sobremanera la Encíclica Aeterni Patris de León XIII, sobre la enseñanza de Santo Tomás de Aquino en la teología católica. Le envió al Papa una carta en la que decía : Dirijo estas líneas a vuestra Santidad para expresar el agradecimiento que todos sentimos por la oportuna Encíclica que habéis publicado. Todos los buenos católicos deben considerar como una primera necesidad que el ejercicio del intelecto, sin el que la Iglesia no puede cumplir adecuadamente su misión, se fundamente en principios que sea a la vez amplios y verdaderos, que las creaciones especulativas de sus teólogos, apologístas y pastores estén arraigadas en la tradición del pensamiento católico y no tengan que comenzar de una tradición simplemente nueva, sino que formen unidad con las enseñanzas de San Atanasio, San Agustín, San Anselmo y Santo Tomás, al igual que estos grandes doctores se identifican unos con otros en lo sustancial.

También se alegró cuando en 1886 el Papa beatificó a otro Tomás, el inglés, aquel gran humanista, padre de familia y abogado, canciller de Inglaterra y mártir de la fe, que fue Tomás Moro.

En 1888 la pintora Emmeline Deanne y el pintor John Millais hicieron sendos retratos de Newman con sus vestimentas cardenalicias, que están expuestos en la National Gallery de Londres y en el castillo de los Norfolk en Arundel. Es interesante mirar las fotos que le fueron tomadas desde sus sesenta años en adelante : en las primeras aparece con expresión muy triste propia quizá de aquel período difícil, luego con la serenidad que caracterizó sus últimos años. Las hay en compañía de los oratorianos de entonces, y una en Roma, recién creado Cardenal. Dos fueron tomadas poco antes de morir, en una de frente vestido con todas las galas cardenalicias, púrpuras con ribetes de armiño blanco, y otra sentado en su escritorio escribiendo, muy inclinado, pues ya veía muy poco.

A pesar de esta dificultad, siguió escribiendo cartas, terminó su traducción de las obras de San Atanasio para adjuntarlas a la edición uniforme, y dio a luz un artículo, publicado en el número de febrero de 1884 de la revista “The Nineteenth Century” sobre La inspiración en su relación con la revelación. 

En la Navidad de 1889 celebró la Misa por última vez. Sin embargo albergaba esperanzas de poder celebrar nuevamente, para lo cual aprendió de memoria las Misas de la Santísima Virgen y de los Difuntos. Todos los días repetía una u otra.

El 10 de agosto  de 1890 recibió con toda lucidez los últimos sacramentos y entregó su alma al Señor al día siguiente. Se había mudado al hogar definitivo, en el mundo invisible,  que existe tan realmente como el mundo que vemos. Sí, debemos volver a aquel sermón de 1837, El mundo invisible, quizás el más bello de todos, y citar el final : ¿Quién podría pensar sin la experiencia de primaveras anteriores, quién podría concebir dos o tres meses antes, que la naturaleza, aparentemente muerta, pudiera llegar a ser tan espléndida y tan variada ?…Así es que en el buen tiempo de Dios, las hojas vienen a los árboles. La estación puede demorarse, pero llegará finalmente. Lo mismo ocurre con esta primavera eterna que esperan todos los cristianos. Llegará aunque haya que aguardar…¿Quién puede imaginar, por un esfuerzo de la fantasía, los sentimientos de aquellos que, habiendo muerto en la fe, despierten al gozo ?…visitados por la inefable y visible Presencia del Dios Altísimo, con Su Unigénito Hijo Nuestro Señor Jesucristo y Su Igual u Coeterno Espíritu, esa gran visión en la cual será la plenitud de gozo y placer para siempre, ¡qué profundidades se conmoverán dentro nuestro !, ¡qué secretas armonías despertadas, de las cuales la naturaleza humana parecía incapaz ! Las palabras de la tierra son ciertamente incapaces de servir a tan altas anticipaciones. Permitidnos cerrar nuestros ojos y hacer silencio.

John Henry Newman fue sepultado en Rednal, a las afueras de Birmingahm, en el cementerio de los oratorianos, en la misma sepultura de su amigo Ambrose St.John, bajo una simple cruz de piedra. El epitafio lo redactó él mismo : Ex umbris et imaginibus in Veritatem, desde las sombras y las imágenes hacia la Verdad. Todo un símbolo de su pensamiento basado en el principio sacramental.

Hubo un funeral solemne en Londres, en el Oratorio de Brompton, con gente venida de toda Inglaterra, Escocia, y aún Irlanda . La homilía estuvo a cargo del Cardenal Manning, que entre muchas cosas dijo : Cuando yo tenía veinte años y él se aproximaba a los veintiocho, recuerdo su figura, su voz, y las palabras penetrantes que salían de sus labios en la iglesia universitaria de Oxford. Después de verle y oírle una vez, no dejé nunca de asistir a aquella predicación…Si hiciera falta alguna prueba de la inmensa obra que ha realizado en Inglaterra, sería suficiente observar lo ocurrido durante estos días…No era facil predecir que la voz pública de Inglaterra, en toda su diversidad política y religiosa, se uniera en el afecto y la veneración hacia un hombre que había roto barreras sagradas y desafiado prejuicios religiosos de modo contundente. Había cometido un pecado que hasta el momento era imperdonable en la nación : hacerse católico, como lo fueron nuestros padres. Y sin embargo ningún inglés en nuestra memoria ha sido objeto de una veneración tan amante y sincera. Alguien ha dicho : ‘lo canonice o no Roma, será canonizado en la mente de gente religiosa de todos los credos en Inglaterra’. Es verdad….Sus escritos están en vuestras manos. Pero más allá del poder de los libros, hemos experimentado el ejemplo y la influencia de su vida…Una vida bella y noble es la predicación más convincente y persuasiva, y todos hemos sentido su poder…La historia de nuestro país recordará desde ahora el nombre de John Henry Newman entre los más grandes de nuestro pueblo, como confesor de la fe, maestro de hombres, y predicador de la justicia, la piedad y la compasión.

Parafraseando a Manning, podemos decir mejor, que Newman es recordado entre los más grandes hombres de la Iglesia universal. El 22 de febrero de 1991, el Santo Padre aprobó las virtudes heroicas del Siervo de Dios John Henry Cardenal Newman, declarándolo Venerable. Desde entonces sus amigos de hoy esperamos con solicitud su pronta beatificación. Newman ha muerto, pero desde entonces podemos decir que comenzó una era newmaniana, que sigue produciendo frutos preciosos para la vida de la Iglesia.

Aquí, en la Argentina, en 1990, con motivo del centenario de su muerte, un grupo de sacerdotes y laicos, con la presencia del entonces Cardenal Antonio Quarracino, Mons.Carlos Galán y otros obispos que bendijeron la idea, fundamos la ASOCIACIÓN AMIGOS DE NEWMAN EN LA ARGENTINA, para difundir su vida y obra. El medio más eficaz ha sido la publicación cuatrimestral NEWMANIANA, que ya va por el nº 26, y que contiene traducciones de sus escritos, especialmente sermones, cartas y poesías, que es lo no traducido por las grandes editoriales, y también artículos sobre Newman de autores nacionales y extranjeros, así como antologías de textos. Ojalá que a través de Cristo Hoy muchos quieran pasar a ser, Cor ad Cor,  amigos de nuestro querido Cardenal.
He aquí una conocida oración extraída de sus sermones:

Señor, haz de mí lo que Tu quieras. No pretendo regatear, no impongo condición ni intento ver adónde me llevas. Seré nada más lo que Tu quieras. Y no digo que te seguiré por todas partes, porque soy débil. Pero me entrego a Ti, para que me lleves adonde quieras.

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